lunes 16 de febrero de 2009
Infames
domingo 15 de febrero de 2009
Trasteos
No es que mi guitarra desafine fácilmente ni que mis dedos sean torpes, tampoco es cuestión de que sea una Estratocaster y no una Les Paul. Los trastes se gastan y juegan malas pasadas, el instrumento trastea y las melodías se cortan en notas casi inexistentes. Si, los trastes se gastan por tanto rocanrol, por tanta lágrima melancólica, y por tanto polvo. Igual toco, no me hace falta mucho para tocar. Puede que esté sordo, es lo más probable, o al menos eso me quieren hacer creer. ¿Y eso qué importa? si total toco de memoria. Mi guitarra trastea, pero qué puedo hacer, la tengo que tocar igual. Todas las guitarras trastean de vez en cuando, las llevamos a un luthier y este sin hacer demasiadas preguntas (eso quisiéramos) la devuelve al camino de las notas bien definidas. ¿Pero acaso las notas vuelven a su definición anterior o adquieren un nuevo sentido? ¿Alguna vez tuvieron sentido?
Debo admitir que tiendo a recorrer melodías que me enseñaron, tal vez impusieron. A veces, sin embargo, agobiado por tanta melodía prefabricada, mis dedos llevan las notas a un menjunje amelódico, a un delicioso desorden improvisado de mi mismo. En mi mente, los grises rostros de mis viejos maestros se estiran y luego de un fuerte impulso se chocan y se fusionan en un remolino de colores estridentes y agitados que después de girar y girar se deshacen en manchas. Mi corazón late a la merced de una inquietud incontrolable, me agito al mismo tiempo que mis ojos ya casi ciegos por el sonido no pueden escaparse de los convulsos movimientos de mis dedos. Finalmente la maravilla: de las cenizas de aquel menjunje amelódico, cual ave mitológica, surge (pero nunca resurge) una melodía que trota al ritmo de mis propios pasos. Bastaría con presionar el botón rojo de mi viejo grabador para que mis pasos quedaran grabados en el mundo real, pero el miedo a esa nueva combinación de notas y la asfixiante dificultad de alcanzar el botón hacen que el nuevo trote se evapore bajo las calurosas pisadas de las perfectas melodías prefabricadas, esas que me se de memoria, esas que se donde empiezan y donde terminan, esas que no incomodan a ningún viejo maestro, esas que sin dificultad y con harta habilidad puedo hacer sonar.
domingo 30 de noviembre de 2008
Duraznos y Carozos
Homero Simpson
Me conoce bien, sabe cuanto me gustan los duraznos, Siempre tiene una canastita llena cuando la voy a visitar. Tan dulces, tan ácidos, depende el día, a mi me gustan de cualquier manera. Además me hacen acordar a otros tiempos casi olvidados. Y el jugo, no se de que esta hecho, pero seguro tiene pedacitos invisibles de vida porque te juro que cada vez que se me escurre por la boca es como volver a ver el mundo por primera vez. Cada bocado un beso. ¿La pelusa? No, no es ningún problema, es parte de su belleza, que seria del durazno sin la pelusa, lo hace diferente, es lo que más me gusta, lo que al final me atrapa. Si, el carozo me da miedo, es tan duro, tan impenetrable. Pero es tan suave alrededor, como no llegar al carozo, como no llegar si te va llevando solo, lo vas besando y vas llegando. Y ahí esta, solo, diferente del resto, indiferente a mis bocados. Es tan duro... no entiendo, es tan duro y siempre quiero llegar a él. Pero el jugo, los recuerdos, la pelusa, la suavidad, los bocados, la canastita. Y es tan duro…
lunes 24 de noviembre de 2008
Claustrofobia
Un soplido, un portazo, astillas. La cerradura se rompe y ahí estas, encerrado en el mundo exterior.
miércoles 19 de noviembre de 2008
Piedrita en el calzado
Suele pasar que algún ser humano va caminando tranquilamente por la calle mirando a otros seres humanos semejantes a el y tarareando canciones que nunca escucho cuando de pronto es atacado por una vil piedrita de insignificante tamaño que se mente en su zapato, zapatilla, alpargata, etc.
Lo primero que atina a hacer el ser humano afectado es seguir caminando esperando a que la piedrita desaparezca sola puesto que , a pesar de no ser vista, su insignificante tamaño es notable. Si luego de unos largos y difíciles pasos la piedra sigue ahí comenzará a mover violentamente el pie, como si este tratara de escaparse de valla uno a saber que. Tras varios intentos de huida fallidos, el sujeto en cuestión, apoyará uno de sus brazos contra la pared, se quitara el calzado fastidioso y lo sacudirá boca abajo para así expulsar a la molesta piedrota. Procederá a colocar el zapato, zapatilla, alpargata, etc en su lugar. Una vez bien calzado proseguirá feliz la caminata habiéndose olvidado de que alguna vez tuvo una piedrita que lo atormentaba. Pero a los pocos pasos sentirá un adoquín en el pie. “¡¡imposible, no puede seguir ahí!!” Pensará. Pero claro, este tipo de piedras no es de esas que se pueden olvidar, de las que se puede escapar o de las que se puede deshacer con unas sacudidas. Y como si esto fuera poco la piedrita va creciendo sin control alguno. Es entonces cuando el pobre humano se quita bruscamente el calzado y comienza a sacudirlo con excesiva violencia, a golpearlo contra la pared, a golpear su cabeza contra algún poste cercano. Y la roca sigue ahí. Así que lo arrojará con todas sus fuerzas lo mas lejos posible, a un lugar bien oscuro, queriendo quedar descalzo para siempre. Y quedará descalzo, hasta que se compre unos zapatos, zapatillas, alpargatas, etc nuevos y la piedrita vuelva a entrar.
martes 18 de noviembre de 2008
TREGUA
Toser, dar media vuelta, tomar un trago. Una seca y no pasa nada – está todo bien-. Jazz. Voces acumuladas que nada dicen. Un respiro, planta baja. Viejos recuerdos se hacen carne, luchar. No pasa nada –está todo bien- no pasa nada. Jazz, voces, trago, planta baja, tregua por fin.
Se acerca una mano, te acaricia y sin que diga nada entendés. Ya no es lo mismo, ya no sos el mismo. Está todo bien, ¿no pasa nada? Una mirada basta. Te levantás y caminás, esta vez hacia delante. No te ahogas en palabras falsas, no te ahogas en palabras iracundas, no te ahogas.
Entonces la noche te vuelve a despertar. ¿Hacia adelante? Está todo bien, pasan sus manos, pasan sus labios, pasa su pecho, su pelo,sus ojos, su piel, su perfume. Pasan y se quedan.
Tregua por fin.

